Creativo el que lo lea

Hace unas semanas fui a cenar a un restaurante japonés que me habían recomendado. Al llegar allí y sentarnos a la mesa, me percaté de que había algo debajo de mi silla: una pequeña cesta de mimbre encajada entre las cuatro patas. Pregunté a la camarera qué utilidad tenía y me respondió que sencillamente servía para depositar los abrigos y los objetos personales de los clientes. Me pareció sencillo, brillante y un ejemplo de creatividad cojonudo para comenzar esta entrada del blog. Así que hablemos de creatividad.

Cuando decimos que alguien es creativo damos por hecho que esa persona ha nacido con un don divino para desarrollar ideas que no están al alcance de todos.

Durante mucho tiempo la creatividad estuvo vista como una condición exclusiva de aquellos dedicados a oficios artísticos. Es cierto que esas personas tienen una especial predisposición a incrementar su potencial para la creatividad, puesto que su trabajo depende esencialmente de fortalecer y desarrollar el músculo creativo. Sin embargo, esto no significa que la creatividad pertenezca en exclusiva a ese entorno (recomiendo ver este vídeo del gran ilustrador Puño).

La creatividad puede ser aplicada en cualquier ámbito de la vida ya que es una actitud, no una virtud. Una actitud que puedes y debes ejercitar, con independencia de cuál sea tu dedicación. Para ello, lo más importante es perder el miedo a equivocarnos y a ser juzgados, miedos que no teníamos en la niñez. Con el paso de los años nos desprendemos de la valentía de la infancia y vamos creando una barrera innecesaria que frena nuestra creatividad.

El consultor creativo Masaaki Hasegawa habla muy lúcidamente sobre este tema en su libro “Sí, eres creativo. Técnicas para potenciar tu creatividad. En él, explica que el primer paso que debes dar para ser creativo es creértelo. Eres creativo desde el momento en que te lo propones.

Si lo piensas, las personas a las que consideramos especialmente creativas no entienden esa creatividad como una virtud, sino que es algo inherente a su personalidad. Viven con ello. Y lo único que hacen es interpretar y percibir las cosas a su manera. No se trata tanto de qué piensas, sino de cómo piensas.

Vale, ahora me diréis que por mucho que tengáis esa “actitud creativa” uno no se transforma en un ser ingenioso y clarividente de la noche a la mañana. Correcto, Pablo Picasso tampoco nació con un pincel entre los dedos.

Todo se puede ejercitar en esta vida, hay multitud de técnicas (el libro de Hasegawa contiene algunas muy interesantes). Además, hay que sentir curiosidad por las cosas que nos rodean, pensarlas e interpretarlas a tu manera, alejándote de la forma en la que te enseñaron a interpretarlas. Salirte del camino marcado resulta genial como ejercicio creativo.

Podríamos extendernos de manera infinita escribiendo sobre creatividad, pero nadie lo leería y además hay genios que ya lo han hecho mejor que yo, como el maestro David Kelley:

Como conclusión, os diré que en más de una ocasión he conocido a personas que no se dedican a mi profesión pero que de haberlo hecho me habrían dado mil vueltas. Somos seres creativos por naturaleza, y podemos aplicarlo a nuestra vida de la manera que queramos.

Que nadie os diga que vuestro dibujo es feo o que no sabéis bailar. Más jugar y menos juzgar.