El síndrome del logo del titán (Y cómo superarlo dignamente)

Existe un fenómeno que me fascina y me horroriza a partes iguales, lo he llamado: El síndrome del logo del titán.

¿Qué es esto? ¿En qué consiste? ¿Por qué te has currado tan poco el nombre del síndrome? Contestaré a las dos primeras.

A raíz de muchas presentaciones de imagen corporativa a clientes, me he dado cuenta de que, más allá de que esa marca esté perfectamente construida y cumpla su objetivo, hay una oscura amenaza que se cierne sobre esas propuestas: las marcas que ya existen.

Hemos desarrollado un logotipo para una cadena de cafeterías cuyo cliente nos pide que refleje los valores de la empresa, que sea precioso en ejecución y que cumpla todos los requisitos técnicos de una marca actual. Cumplimos todo ello. Bueno, pues aún así, es muy posible que tengas que afrontar la prueba más difícil:

“Ok, está bien, pero, ¿has visto el logo de Starbucks? Me gustaría algo así”.

Starbucks-Coffee-–-Sex-and-the-City-1

En ese momento, el cliente te desarma, te deja desnudo. Tienes argumentos, pero te enfrentas a la ardua tarea de que alguien afectado por “El síndrome del logo del titán” los acepte. Tú atacas:

– “Starbucks es una multinacional con una trayectoria de más de 40 años, presente en 70 países y que ha invertido millones de euros en publicidad y marketing alrededor de todo el mundo”.

– “Es una marca que el público ha interiorizado durante años y ha adoptado como propia”.

Y así podrías continuar un largo rato. Pero da igual, es que a él le gusta mucho el otro, sin atender a razones.

Resulta injusto compararse con marcas que tienen ese rodaje y ese presupuesto a sus espaldas. Pero es que, más allá de eso, en ocasiones las marcas titánicas ni siquiera cumplen lo que el cliente nos exige en el briefing para la suya, con lo que la comparación se hace más injusta:

Imaginemos por un momento que Starbucks no existiera: ¿qué hubiera pasado si a este cliente le presento una marca cuyo nombre es el de un marinero de una obra de ficción (Moby Dick) y cuyo logo es una sirena con dos colas inspirada en una ilustración noruega, cuando lo que me pide es que su marca refleje sus valores en la imagen?

Probablemente me hubiera invitado a que me peinase y me dedicara a otra cosa.

Lo que sucede es sencillo: ese logo les gusta porque ya existe y lo han visto hasta la saciedad.

La sugestión es poderosa sobre ciertos clientes y, a veces, incurren en este tipo de contradicciones con las que tenemos que lidiar.

Obviamente, la mejor opción siempre es ser lo más didáctico posible y explicar por qué su marca es perfectamente válida y no es justo compararla con otras de la competencia con cierta trayectoria e inversión económica. Esto requiere tiempo y esfuerzo, pero es necesario si queremos poner en valor nuestro trabajo y, sobre todo, que este sea entendido y respetado.

Por ello, animo a todos los compañeros de profesión que hayan sufrido el “Síndrome del logo del titán” a que levanten la cabeza y lo reconozcan. Es el primer paso para luchar contra este mal que se cierne sobre los creativos (mensaje privado los que quieran fundar un grupo de autoayuda).

Clientes, sin acritud.
En el fondo os necesitamos, pero el que se ofenda, que se mire lo del síndrome 😉

love my clientsEsto es un ejemplo de Marketing